La película de la Roja

Nos pasa que nos predisponemos a ver un partido de Chile como nos predisponemos a ver una película. Con ese acuerdo tácito entre el espectador y la pantalla, de creer y aceptar todo lo que ahí va a pasar. Y si aparece un extraterrestre en una película basada en hechos reales, así tiene que ser no más. Así lo quiso el director. No hay un contrato firmado, pero tenemos que creer. Nuestra firma al contrato es ponerle Play a la peli.

Y tal como pasa en las películas, uno cree saber más de lo que saben los protagonistas, al menos de las escenas donde ellos no aparecen. Creemos que en la película de la Roja solo nosotros sabemos que hay que ganar o ganar, y que ellos no se dan por enterados. Creemos que solo nosotros sabemos que hay que ganar cinco puntos de nueve, pero solo ganamos uno. O que hay que ganar siete o nueve de nueve, y ya podemos aspirar a seis solamente. Ojalá fuera tan fácil “saber” y “conseguirlo” en un equipo al que le faltan unos buenos mundiales juveniles y un Esperanzas de Toulon para rearmarse. Y si no es Toulon, que sea un Orlando Guaita. Que corran, que salten, que tiren jabalinas, pero que pasen tiempo juntos y armen grupo como el que pudo formar Bielsa juntando un par de procesos exitosos anteriores.

Creemos que no tienen idea que hay que ganar para ir a Qatar, pero ellos lo saben. No podrían no saberlo. Son futbolistas, no filósofos. No es una película donde nosotros somos omniscientes y ellos no. Partiendo de la lógica que siempre hay que salir a ganar, y considerando que a veces un empate es bueno. Ellos lo saben y tratan de ganar. Habría que ser tonto para no saberlo. Aún así,  para muchos de nosotros, no lo saben desde que asumió Juan Antonio Pizzi. Es de lo que queremos autoconvencernos.  Necesitamos tener una justificación para un pobre desempeño. Pero solo son sumas de eso, de pobres desempeños. De mala suerte además, de equipos contrarios que también juegan. De cansancio, de presión. De jugadores que ya no están en su peak, y de otros que hay que guiarlos bien para que lleguen al suyo. Que pidan perdón desde el Hipódromo para volver a la Roja, que acepten que tienen que ser punteros derechos, o si no no juegan. Que sepan que tienen que convertirse en laterales. Que ya no son líbero ni volante central.

Y como creemos que somos omniscientes y ellos no, podemos hablar desde afuera. Pedir a Iván Morales de 9, a juveniles como Marcelino, a Sánchez de 10, a Paulo Díaz de lateral, a Vegas por sobre Nico Díaz o un diestro. A Isla de volante para que no tenga responsabilidades, a Aránguiz o Sánchez lesionados mejor que todos. Todo eso ha pasado con Lasarte y hemos seguido perdiendo. El archivo no aguanta al DT, pero a nosotros pareciera sí. Porque a Núñez y Montecinos le teníamos más fe que la que se tiene Kast antes de un debate, pero no responden como creemos que van a responder. Y vamos a Twitter y borramos el tuit pidiendo a Isla de puntero. Porque  lo pidieron también Juanito Pérez en mi grupo de WhatsApp, un notero improvisado de comentarista en ESPN, TNT o DirecTV, un entrevistado en radio o internet. Todos han tirado fórmulas mágicas, todos con el diario del lunes. Y cuando es con el del viernes post partido es contradiciendo lo mismo que pedían días antes. Para muchos Iván Morales era Zamorano, para otros Montecinos era Pato Yáñez, Sánchez ya estaba en edad de ser un conductor clásico y Gil era Moscoso. ¡¡Pero si Brereton no es puntero, es nueve, pues!! 

Tenemos lo que tenemos. Y se prueban y reprueban fórmulas. Con cuatro atrás, con tres, con uno arriba, con tres en ataque, con punteros o sin punteros. Con Jiménez de 10, porque es quien mejor trata el balón, pero que no lo toca durante varios pasajes de los duelos en que entra. Ahí es cuando piden a juveniles, pero luego matan a Marcelino. Y otros como Víctor Hugo Castañeda proponen jugar con Sub 20, como si los Sub 21, y hasta los Sub 26, no fueran opciones. Fuera Paulo Díaz, Pulgar y Brereton. Y creen que saben, y les dan tribuna, pero hoy no hay torneos Sub 20. Es Joan Cruz, Clemente Montes, Arriagada y uno que otro. Pero hablan y lo replican como si fueran Bielsa, Sampaoli y hasta Pellegrini.

Es la película de la Roja. A los que nos gusta y a los que no les gusta. Los que quieren sacar de golpe y porrazo a los protagonistas y los que piden la gradualidad. Porque quieren a Zacarías López por Bravo, a Leo Gil por Aránguiz o a Jeyson Rojas por Isla, pero también quieren ir a pelear una clasificatoria. ¿Se pueden las dos cosas? Ecuador lo hizo en la Eliminatoria pasada , pero cuando ya no tenía opciones de ir a Rusia 2018. Ésta, rumbo a Qatar 2022, está tan cerrada que probablemente no se defina en 2021, antes de las fechas del próximo año.

¿Qué hacer? Se viene el festival de recetas y de posibles finales, como esas películas que graban varios, y al final el director decide sin que siquiera los actores sepan. Toca elegir por rendimiento y no por edad. Siempre, en realidad. Es la película de la Roja rumbo al Mundial 2022, basada en hechos reales y esperando que aparezca un extraterrestre que cambie todo. O Ben10, un Niño Maravilla, Turboman, King Arturo, un Príncipe, el que sea. El The End está demasiado cerca.

Un comentario sobre «La película de la Roja»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *