Rodrigo Barrera, el otro Fabián Orellana de la UC

En 1996 Rodrigo Barrera estaba a nada de ser el goleador histórico de Universidad Católica a pocos tantos de Raimundo Infante (113). A mediados de ese año volvió a los cruzados tras estar el primer semestre en el Necaxa de México. El Chamuca había partido al fútbol azteca, en su primera experiencia en el extranjero, luego de haber sido volante de salida en 1995 junto a Néstor Gorosito, por atrás de los delanteros titulares Alberto Acosta y Sebastián Rozental. El zurdo Barrera, acostumbrado a ser delantero, dejaba el equipo de Manuel Pellegrini y partía al cuadro mexicano donde aún estaba Eduardo Vilches y que hace muy poco se había desprendido de Ivo Basay.

Barrera, de bajo paso por el Necaxa, volvió en 1996 a San Carlos con una UC en crisis. El Ingeniero Pellegrini había despedido a Sergio Vazquez, Luis Ceballos y Jorge Vásquez, mientras que tenía a Luka Tudor con un pie en Unión Española. El cambio en la presidencia de Manuel Vélez por Jorge Claro Mimica volvió a mover todo. Pellegrini, que había dado la venía para el regreso de Barrera, se fue del club y asumió Fernando Carvallo. El Pino contó con la permanencia de Tudor, además del Tunga González y Rozental, mientras que a Caté lo retrocedió como lateral derecho. Con Rodrigo Barrera, que bajo el interinato de Héctor Pinto le convirtió un gol a San Lorenzo de Almagro en un intento de Copa Mercosur, Carvallo quiso hacer lo mismo. En una historia similiar a la que ya había vivido con Luis Pérez a inicios de 1991, quería llevarlo desde la ofensiva a la zona de volantes, e incluso lo probó como lateral izquierdo en algún entrenamiento. El nuevo DT se cansó de usarlo en las prácticas como volante de contención para que jugara cerca de Mario Lepe, mientras que al Piri Parraguez lo mandó como defensor central.

Carvallo buscaba un cuarto hombre para el mediocampo que tendría a Lepe y los resucitados Lunari y Luis Pérez. El Chamuca Barrera, a diferencia del trinitario Dwight Yorke, el francés Thierry Henry, el alemán Olaf Thon y hasta el inglés Wayne Ronney, jamás se adaptó a la nueva posición al lado del volante de corte. Era el goleador histórico de la UC y no estaba para jugar tan atrás. El puesto finalmente fue para Alejandro Osorio, otro que comenzó siendo un jugador más ofensivo y terminó jugando retrasado. Así triunfó en la propia UC, además de Estudiantes de La Plata, llegando a competir en Europa por el Beira Mar de Portugal.

Barrera estuvo cortado todo el segundo semestre de 1996. Su conflicto era similar al que vive hoy Fabián Orellana, a quien hacen entrenar en el puesto de Ignacio Saavedra, y en el mejor de los casos en el de Marcelino Núñez. El tira y afloja terminó con el Chamuca fuera de la UC y siendo cedido en bandeja en 1997 a la Universidad de Chile, club que comenzaba una transición tras sus grandes campañas entre 1992 y 1996. Dentro de su austeridad, la llegada como jugar libre de Rodrigo Barrera calzaba como anillo al dedo, convirtiéndose, junto a Clarence Acuña y Miguel Ponce en piezas clave de los azules de Roberto Hernández. Los tres fueron importantes además en la clasificación de Chile a Francia 1998, convirtiéndose el Chamuca en el acompañante de Marcelo Salas en la última parte de las Eliminatorias, además del duelo ante Inglaterra en Wembley. Era el renacer de Barrera de la mano de la Universidad de Chile, club del que se hizo hincha, distanciándose definitivamente de los fanáticos cruzados, aunque sin dejar de participar hasta hoy en cada actividad que las viejas glorias cruzadas realizan. Por algo es el goleador histórico del club con 118 tantos, récord que consiguió en 2002 cuando volvió a la precordillera de la mano de Juvenal Olmos en la dirección técnica. Estaría solo ese año, y en 2004 volvería a vestir la camiseta de Universidad de Chile.

Lo de Orellana, el segundo sueldo más alto del club en 2022, va por esa misma línea. Han querido explicarlo con sus bajos números en los GPS, o por alguna pelea a fines de 2021, peleas, que ya sabemos, en otros casos han sido superadas, al igual que graves actos de indisciplina como el de Yamil Asad. A Orellana el DT Paulucci lo ve como volante de contención, como un lanzador desde la zona baja de la cancha, parecido a lo que hoy hace Felipe Gutiérrez, aunque con mucha más experiencia en la zona media de la cancha, pese a haber comenzado como un conductor clásico. Pipe ya ha sido pivote en Brasil, España y EEUU, una transición que en algún momento ya hicieron David Pizarro, Jaime Valdés, Nicolás Córdova, Cristóbal Jorquera, Luis Felipe Gallegos y Matías Fernández en el fútbol europeo, o Alejandro Carrasco, César Cortés y Hugo Droguett en nuestra competencia. Lo de Orellana, a quien llevan seguido a la banca y no lo hacen ingresar, parece mucho más rebuscado, casi tanto como hacer jugar de contención a Rodrigo Barrera, uno de los mejores definidores de la historia del fútbol chileno.

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