
Universidad Católica no hubiera jugado la Copa Libertadores de 1993 si en la Liguilla de 1992 Colo Colo, sin nada que ganar, no le hubiera anotado en el último minuto a la U y la mandaba a jugar un partido de desempate ante Universidad Católica, que a la misma hora vencía a Unión Española en el Monumental. En el duelo de definición los cruzados pasaron por encima de los azules, inmortalizando el mítico “Asalto a mano Almada” de la revista Triunfo.
Universidad Católica acompañaría a Cobreloa en la Copa, reforzándose con el seleccionado argentino Sergio Vázquez, con Ricardo Lunari, finalista de la Libertadores 92 con Newell’s Old Boys, y concretando el retorno de Gerardo Reinoso desde Independiente. El arquero iba a ser Patricio Toledo, mejor arquero de Iberoamérica en 1992, pero que una lesión en la Copa Ciudad de Santiago ante el São Paulo de Telé Santana, lo dejaría afuera de la Copa. En su lugar jugaría el casi retirado Óscar Wirth, decretando una de las mejores historias del fútbol chileno.

La UC, además de Cobreloa, compartiría grupo con los bolivianos de San José de Oruro y Bolívar. Pan comido para el equipo de Juan Carlos Almada, José Saturnino Cardozo, Raimundo Tupper, Rodrigo Barrera y compañía. En octavos de final sería el turno de Nacional de Medellín y los cruzados harían dos cambios en su lista de buena fe. El recuperado Patricio Toledo entraría por el juvenil Alex Varas, mientras que Marcelo Caro, de regreso de un préstamo en Huachipato, lo haría el por el Maestrito Mario Salinas.
Y así como el efecto mariposa del triunfo de Colo Colo en 1992, la lesión de Toledo en el verano de 1993, el ingreso de Marcelo Caro a la lista marcaría la llave de octavos de final. Los cruzados vencerían 2-0 con un gol del propio Caro a los 88 minutos e irían con cuenta de ahorros a Medellín. En Colombia, cuando se perdía 1-0 desde los 38’, el Piri Nelson Parraguez sacaría un zapatazo a los 47 minutos, anotando uno de los mejores goles de esa Copa Libertadores. En los 89’ Nacional haría el 2-1, pero la clasificación ya estaba amarrada gracias al gol de Caro en Santiago.
En Cuartos de final vendría Barcelona de Guayaquil, el partido que nos trae hasta acá. En Santiago el Nacho Prieto salió con un equipo ultra ofensivo. Con Romero y Jorge Choche Gómez como laterales. Con Lunari y Tupper delante de ellos. Con Barrera de enganche detrás de Cardozo y Almada. Mario Lepe marcando en el medio en compañía de Dios, la Patria y la Universidad.
Barcelona por su parte, que en 1991 había igualado en Guayaquil con Colo Colo en la fase de grupos y que en 1992 los había eliminado a mediodía ecuatoriano, llegaba a los Cuartos de Final con varias jugadores de renombre. Rubén Darío Insúa y una decena de seleccionados entre sus filas.

La apuesta ofensiva de Prieto daba resultado. Al final del primer tiempo la UC ya vencía 2-0 con dos goles de Almada, pero a los 68’ el fallecido Carlos Muñoz ponía el 2-1, ajustando mucho la brecha para ir a Guayaquil. Esta vez el héroe no sería Caro, sino que el Charly Sergio Vázquez, quien clavaría un zapatazo de tres dedos al ángulo a los 89 minutos. A Ecuador se iba con dos goles de diferencia.
Y no fue necesario tanto margen. A los 22 minutos aparecería Andrés Moto Romero, un rápido lateral que había aparecido a comienzos de los 80 como delantero, pero que la escuela de Cruzados, como con tanto delantero rápido, lo había retrocedido como marcador de punta. En la Libertadores de 1990, la última jugada por la UC, había sido el goleador del equipo. En la de 1993 aún no había aparecido en las mallas rivales.

En Guayaquil, ante 85 mil personas, jugando a los 14:00 horas y con 40 grados a la sombra, el Nacho Prieto había tomado resguardos. Había puesto al Negro Daniel López como lateral/stopper izquierdo, había adelantado a Tupper al mediocampo y había prescindido de Gerardo Reinoso y José Cardozo, para dejar arriba a Almada y Barrera. Esta vez a Lepe lo acompañaría Parraguez.
Y a los 22 minutos aparecería el Moto Romero, uno de los laterales diestros más queridos por el hincha cruzado.Avanzaría por su banda derecha, conectaría con Lunari y sacaría un zapatazo de zurda, de esos que pocas veces sacó en su carrera. La pelota rasante se metería en el primer palo del meta Victor Mendoza, soltando el grito cruzado en la tarde chilena, a eso de las 14.22 PM. Hora de almuerzo, hora de colegio, hora del 4-1 global para los cruzados en la llave de cuartos de final. El resultado se cerraría ahí con el Moto como héroe cruzado.

Luego vendría la semis ante América de Cali y la final ante el mejor São Paulo de la historia, pero esa es historia de otro libro. Muy lejos se llegó para estar a un minuto de ser eliminado en la Liguilla de 1992. Esa Copa Libertadores debió jugarla La Nueva U, pero la protagonizó esa Vieja UC del 93, la de las barbitas de candado.
