Chile – Brasil: Mendonça, “el único brasileño malo pa la pelota”


La lista de futbolistas brasileños malos jugando en Chile es larguísima. Dema y Nathaelson de Rangers 94, o Edilson y Julico de Iquique 98 y 99, por ejemplo. Ni hablar de Ronaldo Ferreira en Wanderers 1996 o Breno Matosinhos en la Universidad de Concepción. Vandinho en Cobreloa, o el portero Carlao de Temuco, Fabio Lemes de Puerto Montt y Paulista del copero Concepción en el Sur. Los grandes aportaron con Celio Silva, Edú Manga, Wagner, Ailton, Leandro Franco, Marquinhos, Paulao, Arilson y Rafael Vaz. O incluso Alex Da Rosa y Clemilson, que vinieron a prueba a la U desde Bolivia en 2003, pero nunca jugaron. Lo mismo que Lucas Ruzin en Everton. De todo ese ramillete, solo uno es conocido hasta hoy como el “el único brasileño malo pa la pelota”. ¿Su nombre? Mendonça, delantero del Everton en 1995.

Marcos Lopes Mendonça llegó a Viña del Mar para aportar la cuota de gol que no tenía el experimentado equipo ruletero. En el plantel estaba Marco Cornez, Antonio Sepúlveda, Jaime Silva, Walter Capozucchi, Leonel Contreras, Alberto Valenzuela, Héctor Roco, Norberto Retamar, Luis Bustos, Juan Covarrubias, Ramiro Chocolatín Castillo, Carlos Rojas y Juan Salinas, entre otros. Un equipo más que experimentado, extremadamente viejo, con una gran cantidad de jugadores que pasaban los 32 años. De todos ellos, solo el ya fallecido Chocolatín pudo destacar, además de los algo más jóvenes Cristián Ochoa y Rodrigo Córdova. Lo curioso es que Marco Cornez seguía siendo nominado a la Roja de Azkargorta, pese a tener uno de los arcos más batidos del torneo.

Ese año Everton tuvo tres técnicos. Domingo Sorace las primeras diez fechas, luego un interinato de Julio Núñez, y finalmente Eduardo De La Barra. Fue este último el que visó los fichajes para buscar el milagro en el segundo semestre. Entre ellos estaba el delantero uruguayo Adolfo Barán, el defensor Guillermo Pulgar y el experimentado delantero brasileño Marcos Mendonça, la nueva carta de gol del equipo viñamarino.

Mendonça llegó al Everton 1995 con 31 años (14-12-1963). Tenía una larga experiencia en su país, que incluía varios equipos casi desconocidos, pero también pasos entre fines de los 80 e inicios de los 90 por el Atlético Mineiro y el Santos, cuando no eran lo que habían sido antes ni lo que son ahora. La primera impresión ya fue extraña. “No parece jugador de fútbol”, decían los que lo veían entrenar antes de su debut. “Mejor había que correrse cuando empieza a agarrar vuelo. Arrasaba con todos”, recuerdan los compañeros. Venía desde el club Sorriso de Brasil. La historia dice que lo trajo un funcionario del casino de Viña del Mar cuando lo vio jugar un partido en la playa en Brasil. Esa tarde, en la arena, hizo tres goles y el «empresario chileno» le dijo que lo llevaría a probarse a un equipo en Chile.  Lo llamativo es que quedó.

El brasileño, que llegó a fines de la primera rueda, jugó diez partidos. Demasiados para las condiciones que tenía. Lo más triste es que las pifias de los primeros duelos pasaron a risas y resignación en los siguientes, con el equipo Oro y Cielo ya sentenciado a la Segunda División. Se las arregló para hacer dos goles. Uno en el empate 1-1 ante Antofagasta en la fecha 14, y el segundo, y último, en un triunfo 3-2 ante Cobreloa en Sausalito, celebrado como si fuera una final de un Mundial, pese a que el equipo ya estaba descendido. El público de Viña del Mar, como a esos artistas que dan pena en el Festival, terminó ovacionándolo de pie.

El delantero empeñoso, pero de zancadas extrañas y de movimientos poco ortodoxos con el balón, terminó su contrato con Everton a fines de ese mismo 1995, cuando ya había cumplido 32 años. Ese paso por Chile había sido el único fuera de su país, pero también el último club profesional de su carrera.  Había tenido una linda trayectoria en Brasil, donde nunca le faltó club, pero se terminó ante un público que esperaba mucho más de un delantero brasileño, y que terminó burlándose de sus movimientos. Lo bautizaron como el peor refuerzo en la historia de Everton y también como el “único brasileño malo pa la pelota”.

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