UC – Wanderers 1996: Arbitrando con mocasines

Fútbol chileno, cómo no quererlo con todas sus “cositas”. Ocurrió el sábado 15 de junio de 1996 en San Carlos de Apoquindo. Por la fecha 11 del Torneo Nacional jugaba la UC de Manuel Pellegrini con el ascendido Wanderers de Jorge Luis Siviero. El Ingeniero, con poco crédito tras la horrible Copa Libertadores, intentaba sacarse los balazos ante un encumbrado Wanderers con Claudio Núñez y Mario Vener en delantera.

Cuando solo iban 10 minutos, el experimentado juez Fifa Eduardo Gamboa sufrió un fuerte tirón en la pierna derecha y debió pedir el cambio. Su lugar lo tomaría Alejandro Zelaya, primer juez de línea, quien con solo 29 años asumió la responsabilidad. 

Era época donde solo los grandes eventos futbolísticos eran precavidos teniendo a algún árbitro de emergencia “a la mano”, los que ni siquiera ejercían como asistentes, pero que rondaban por ahí cerca. En San Carlos lo más parecido a esa figura era la de Gastón Castro, retirado árbitro chileno, quien había pitado 14 años atrás en el Mundial de España 82 y había dejado el referato a comienzos de los 90. En junio de 1996 era Jefe de Área Docente del Cuerpo Arbitral y estaba en el estadio como cualquier hijo de vecino.

Sentado en Tribuna Fundadores, hoy Sergio Livingstone, tomaba un café caliente, en plena precodillera, a seis días del inicio del invierno. Las crónicas de la época incluso le suman el dato de que ya había llamado al manicero para comprar esos confitados de San Carlos que valen lo mismo que tres kilos del mismo maní en La Vega Central.

Ahí, capeando el frío, vio cómo Eduardo Gamboa pedía el cambio. Castro sabía que no andaba rondando ningún “cuarto árbitro” por ahí cerca. Rápido, como levantando la bandera, canceló (canceló de cancelar, no de pagar) el maní de 3 lucas y empezó a organizar lo que se venía.

El hombre tenía autoridad. Desde 1997 iba a ser jefe de todo el “tema árbitros” en el recién creado INAF, así que sus decisiones desde la tribuna de San Carlos iban a ser palabra sacra. Zelaya pasaba de árbitro y él iba de primer juez de línea, marcando el ataque de Wanderes. Todo esto solo mientras llegaba el juez Claudio Pardo, a quien habían llamado iniciando el entuerto para que se aproximara al estadio de la UC. Claro, no era llegar y arribar a San Carlos de Apoquindo. Mínimo Gastón Castro iba a ser juez de línea los 35 minutos que quedaban de primer tiempo mientras Pardo subía por Las Flores.

Y lo curioso no fue que Castro dirigió, sino cómo lo dirigió. Con tiempo solo para dejar el café y sacarse la chaqueta, agarró el banderín con zapatos mocasines, pantalón de gabardina, camisa escocesa y chaleco sin manga. Así, como yendo a misa un domingo en la mañana, debía marcar los offside del rapidísimo Claudio Núñez, quien por aquellos años comparaban con Patricio Yáñez. Para peor, Pistola Flores, la figura del partido, se las dio de Michael Laudrup y metió y metió pases en cortada. Además estaba Gerardo Reinoso jugando por Wanderers, otro que abusó de la zona izquierda de la defensa cruzada marcada por el improvisado diestro Daniel López, mientras que el zurdo Claudio Lizama era segundo marcador central. El también improvisado Castro tuvo pega, pero salió airoso.

Terminando un otoño lluvioso, Gastón Castro tuvo suerte que no llovió durante los 35 minutos que marcó la línea, en la que no tuvo ningún problema ni con Claudio Núñez, ni con los mocasines, ni con la Tribuna Fundadores, en los tiempos en donde se servía whisky y los hielos servían como proyectiles.

El árbitro Claudio Pardo llegó finalizando el entretiempo, cuando Gastón Castro ya se aprontaba a seguir dirigiendo. A Pardo sí le tocó la lluvia, el golazo de Andrés Romero para la UC en el sector que él seguía con su banderola, y además vio cómo el joven Alejandro Zelaya cobraba un penal en el otro lado de la cancha para Wanderers en el minuto 89, que Mario Vener transformó en gol. Ahí aparecieron los hielos, para los árbitros y para la banca de Manuel Pellegrini, quien se iba a ir a las pocas semanas. Ese enojo lo vivió Gastón Castro, en la hoy Tribuna Sergio Livingstone, entremezclado con los airados hinchas cruzados y con restos de pasto en su ropa. 

El partido terminó 1-1 y los mocasines de Castro para la miseria. Eran las consecuencias de marcar el ataque del mejor momento del Diablo Claudio Núñez durante 35 minutos. Es que incluso en la época dorada del fútbol chileno, se podía dirigir con pantalón, camisa, chaleco y zapatos. Igual lo queremos así.