El clásico universitario que nunca se debió jugar

Es uno de las hechos olvidados de la historia del fútbol chileno, pero quizá uno de las más graves, a la altura del Maracanazo, el caso pasaportes, y tantas otras que nos avergüenzan. Ocurrió en 1993, un 6 de noviembre. Cerca de la medianoche Rogelio Delgado, defensa de la U, daba vueltas en círculos en el Estadio Nacional. No porque acababan de perder 1-0 ante la UC con gol de Rodrigo Barrera, sino que porque hace 30 años se pudo haber marcado un precedente. Los dirigentes de la UC y la ANFP decidieron no acceder a la petición de los jugadores de suspender un partido por graves hechos de violencia en la previa, que incluso dejó out a un jugador. Lo reemplazaron, y a jugar.

Los hechos ocurrieron una hora antes del pitazo inicial. Cuando el bus de Universidad Católica cruzaba Pedro de Valdivia con Grecia, un mar de piedras llegaron hasta las ventanas. Una de ellas, un camote, logró quebrar los vidrios a la altura del asiento de Daniel López, central que iba a ser el líder de la defensa junto a Hugo Monardes, luego que Sergio Fabián Vásquez se había bajado del clásico por problemas personales debido a la salud de la padre, pero también por una supuesta deuda fuera de contrato que el club tenía con él.  El vidrio estalló y esquirlas y trozos más grandes de vidrio llegaron a los ojos del Negro López. Ya dentro del estadio, López bajó del bus, pasó a una ambulancia y se fue rápidamente a una clínica de la capital. “Tuve los ojos cerrados casi una hora, hasta que me hicieron un lavado”, recuerda. La UC se quedaba sin su central titular, pero todo parecía indicar que de todas formas ese duelo no se jugaría.

Ya en el estadio, los jugadores de ambos equipos, con varios pesos pesados, se pusieron de acuerdo para no jugar pese a que faltaba poco para el inicio y 40 mil personas ya cantaban afuera. Ahí estaban Mario Lepe, Sergio Vargas, Luis Musrri, Juan Carlos Almada, el Mumo Tupper, Óscar Wirth y Víctor Hugo Castañeda, entre otros. Alineados fueron a comunicar la decisión a los dirigentes, pero la respuesta fue negativa por parte de Alfonso Swett y Manuel Díaz de Valdés por la UC, y de Cristian Lyon por parte de la ANFP. “Hay que jugar por respeto al público”, dijeron. El partido no se suspendió.

Contra el tiempo, así como Bielsa tuvo que cambiar a toda la defensa argentina en el Mundial 2002 por la lesión de Roberto Ayala en el calentamiento antes del debut, el Nacho Ignacio Prieto debió mover varias piezas a casi nada de empezar el partido. El volante Nelson Parraguez debió pasar a la defensa en lugar de Daniel López, mientras que el lateral derecho Jorge Gómez ocupó la plaza del Piri Parraguez, dejando al suplente Rodrigo Gómez como lateral derecho. Con esto, la UC saltó a la cancha con Wirth, Rodrigo Gómez, Monardes, Parraguez, Tupper; Jorge Gomez, Lepe; Lunari, Jorge Vazquez; Almada y Barrera. Para completar la banca, y pese a que lo que faltaban eran defensas, tuvo que ser Jorge Pindinga Muñoz, quien se encontraba en la tribuna, quien bajara a los camarines a vestirse de corto y sumarse al banco de suplentes.

El partido, recordado además por un penal lanzado a las nubes por el arquero Sergio Vargas cuando igualaban a cero, terminó 1-0 con gol de Chamuca Barrera a los 84 minutos. Terminado el encuentro, el defensor paraguayo Rogelio Delgado fue a encarar a los jugadores cruzados por hacerle caso a sus dirigentes  y “abandonar una resolución histórica y haber hecho algo grande”. El herido Daniel López se enteró del triunfo de sus compañeros en la clínica. Eso fue hace ya casi 30 años. También podría haber sido el 2022 en Valparaíso.

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