115 años de Boca: Cuando el Xeneize miró para Chile

Terminaba el año 1996 y a Pedro González Pierella aún lo perseguían los rivales que enfrentaba en el Parque Schott. El zurdo, junto a Jaime Aguilar, José Luis Díaz y Marcelo Corrales, hacía felices a los hinchas de Osorno. Claro, no tanto como el que se ganaba una vaquilla en los entretiempo.

El argentino había llegado a mitad de 1995 junto a Roque Burella y Aguilar, y la habían dejado chiquitita en el sur. En 1996 le falló la compañía en un comienzo. Antonio Ruberto, Ramón Castillo y Rubén Martínez decepcionaron y debió esperar por los arribos de Corrales y Pepe Díaz. La espera había valido la pena. Ese año González Pierella jugó 28 partidos y anotó 11 goles. Más las asistencias para varios de los 13 goles de Corrales y los 10 de Díaz, lo situaban como uno de los jugadores que se iban a pelear los grandes a fin de año. En la UC ya lo daban por fichado para acompañar al Beto Acosta en 1997. Al final llegaría un tal Bisconti.

En Santiago, mientras tanto, el Tigre Cristián Traverso era de lo poco que se salvaba en un segundo semestre para el olvido de la U. Tras la gran Copa Libertadores, la ida de Marcelo Salas y casos de doping interno, que se cuentan con casi todos los dedos de una mano, sacudieron el plantel. Para peor, perdieron en partidos de ida y vuelta la opción de ir a la final de la liguilla de Copa Libertadores y de jugar la final la Copa Chile. La liguilla ante la UC y la Copa Chile ante Colo Colo. Ahí fue cuando el defensor argentino se saltó todas las instrucciones y se fue a jugar de 9. En el último minuto conectaría con un cabezazo el centro de Valencia y anotaría en el Monumental. Se metería aún más en el corazón de los azules, pese a que finalmente perderían la serie con el recordado “banderinazo” de Marcelo Espina.

Ya a comienzos de 1997 Pedro González seguía corriendo. Esta vez en círculos, y de felicidad. Lo había llamado Héctor Bambino Veira para que fuera uno de los pocos refuerzos permitidos de Boca Juniors para el Clausura 1996-1997 que comenzaba en el Verano. El buen nivel del zurdo durante un año y medio, sumado a los contactos de lo su representante Eduardo Petrini (el mismo de Caputto, Gioino y el propio Díaz), lo había posicionado en el equipo que aún tenía a Diego Maradona en el plantel.

Pero González Pierella no se iría solo. Traverso, quien lo sufrió el 95 y el 96, también armaba las maletas desde Chile. El Tigre sería el acompañante en la defensa de Néstor Fabbri durante todo ese torneo y González el primer reemplazo en delantera para el Manteca Martinez y Diego Latorre, incluso con más presencias que Sebastián Rambert y Alphonse Tchami, los otros delanteros del plantel. Traverso jugaría 14 partidos, casi todos como titular, y González lo haría en 12, casi todos desde la banca.

Ya para la temporada 1997-1998 todo cambiaría. Ese receso invernal sería el año del click de Boca. Se mantenía Héctor Veira como DT, pero llegaría la base del plantel de Carlos Bianchi. A Traverso le trajeron a Jorge Bermúdez desde el Benfica y a Pedro González lo mandaron a Deportivo Español. En ese mercado además arribarían Córdoba, Solano, Samuel, los mellizos Barros Schellotto, Martín Palermo, Claudio Caniggia y Luis Hernández. Se mantenía Latorre, Manteca y Rambert. No había por dónde.

Ya en 1998 llegaría Carlos Bianchi y pondría a Traverso de volante de contención, posición en la que lo ganaría todo con los xeneizes. González, por su parte, completaría su préstamo en Deportivo Español y en 1998 ficharía en Huachipato para hacer dupla con Juan Carreño. Bueno, hasta cuando se pudo antes del Candongazo. Luego paso por Concepción, Unión Española, Badajoz de España, Nacional de Uruguay y Palestino.

En el cumpleaños 115 de Boca Juniors, ni Medel, ni Basay, ni el Chapa, ni Bahamonde, ni Riera, ni Roberto Luco. Nos acordamos de Traverso y González, los “chilenos” del Boca 97.