
La temporada 1999 de Colo Colo empezó con el DT Nelsinho Baptista y con un prometedor 4-3-3 como esquema matriz. Así le ganaron a la U en la Copa Ciudad de Santiago, apuraron la salida de Roberto Hernández de los azules y, sin quererlo, forzaron la gran U bicampeona de César Vaccia los años 99-2000.
Ese Colo Colo de Nelsinho iba a formar con un mediocampo compuesto por Marco Villaseca, Marcelo Espina y Cristián Uribe, y con una ofensiva a cargo de Marcelo Barticciotto, Cristián Montecinos y Manuel Neira.
Ese equipo campeón del 98 iba a jugar Copa Libertadores y le faltaban piezas en el medio. Tras Villaseca, Espina y Uribe solo había jugadores jóvenes como Nicolás Córdova, Francisco Arrué, Rodrigo Sanhueza, Cristián Díaz, entre otros. A Nelsinho le faltaba un nombre y ése iba a ser el de un compatriota.

El elegido iba a ser Marquinhos, un talentoso volante brasileño, campeón sudamericano Sub 20 de 1991 y vicecampeón como titular del Mundial Juvenil de ese año ante la Portugal de Figo y Rui Costa. Más cerca en el tiempo, exseleccionado adulto de Brasil en la Copa América de 1993, disputando la llave de Cuartos de Final ante Argentina, donde el Scratch quedó eliminado por penales.

Marquinhos se parecía más a Espina que al recién partido José Luis Sierra a los Tigres de México. Hoy sería un volante mixto por la derecha, e incluso ese año llegaría a jugar como lateral-volante en la época del DT Fernando Morena en la última parte del año.
En los primeros partidos Marquinhos, quien llegó con el torneo ya comenzado, jugaría poco y nada mientras se ponía a punto. Lo que sí, cada vez que lo hacía, lo hacía con su apodo Marquinhos en su camiseta.

Fue justo en su adaptación al fútbol chileno que los genios de la ANFP decidieron afinar una norma que se venía moldeando desde la segunda mitad de los 90, adaptándose a los nuevos tiempos.
Fue en 1995 que algunos equipos chilenos, sobre todo los que jugaban Copa Libertadores, decidieron usar sus mismos números durante todo el año, pero sin ser obligación. En la U, por ejemplo, Eduardo Gino Cofré utilizó los dorsales 20, 23 y 26, mientras que en la la UC Dante Poli, Mario Salinas y Carlos Barraza usaron más de un dorsal.
Para 1996 más equipos se sumaron a la iniciativa, y algunos otros le agregaron el apellido en la camiseta. Ese año estuvo Caté en Católica, Danilo y Toninho en Audax Italiano, y Emerson en Colo Colo. Ninguno era conocido por su apellido.

Para 1997 y 1998 ya era el 100 por ciento de los clubes de Primera los que se sumaron a la idea, pero seguía sin ser obligación. Equipos como Temuco cambiaban semana a semana los números, mientras que los apellidos solían caerse de las camisetas.
Fue en el Consejo de Presidentes del primer semestre de 1999 que se obligó a los equipos a poner el apellido en su camiseta, pero no así a respetar el número. En Católica, Carracedo y Gorosito usaron la 10, mientras que en Colo Colo Ricardo Viveros debió dejarle la 19 a Fernando Vergara, mientras que Uribe debió dar la 10 en el retorno de José Luis Sierra y quedarse con la 8 que había dejado Marcelo Espina. Justo lo que no pudo hacer Charles Aránguiz cuando volvió a la U desde Brasil en 2024.

La Ley del Apellido Paterno se dio con el torneo de 1999 iniciado y Marquinhos, con la 20 de los albos, pasó a llamarse Marcos Correa, un nombre con el que nunca jugó ni en Flamengo, Palmeiras, Juventude o la Selección de Brasil. Nadie lo conocía por el apellido paterno.

Si bien Correa fue el goleador de Colo Colo ese año con 11 tantos, uno más que Cristián Montecinos, hoy engrosa la lista de los grandes fiascos brasileños de los albos como Paulao, Leandro o Renato Lopes.
Tras lo estricto de la ley de ese año, y durante décadas, la regla se ha flexibilizado y endurecido, permitiendo cambios de número con el torneo iniciado como los de Edson Puch en la UC y Pablo Mouche en Colo Colo; utilizar el apellido materno como el caso de Jorge Henríquez que usa Neira en su camiseta, o incluir apodos como el de Pitu Contreras, Chelo Cañete, Chelo Díaz, Bruno Barti, Rocky o Rayo Farfán. Tras un cambio en 2023 la Ley se fija tal como está hoy, solo con cambios a través de votaciones unánimes en el Consejo de Presidentes.

Ahora los genios de la ANFP deberán volver a sentarse para debatir el Caso Vozinha y decidir si se convertirá en un nuevo caso de inflexibilidad como Aránguiz y Marquinhos, o serán un poco más relajados, como cuando se reparten los viajes de la Selección Chilena.
