Junior, el Manteca, Castrilli, Valderrama, el Pato y la quiebra de Colo Colo

Estadio Monumental. 36 mil espectadores. Octavos de final de la Copa Libertadores 1994 entre Colo Colo y Junior de Barranquilla. Fría noche del 27 de abril, más fría cuando Ricardo González desperdició el penal decisivo en la definición desde los doce pasos. Había sido 1-1 en Colombia y 2-2 en Santiago.  Dice la leyenda que cuando el Manteca se paró frente al balón, en la tribuna bajo marquesina el presidente de Colo Colo, Eduardo Menichetti, le comentó a sus acompañantes que si el exUnión Española perdía ese penal, los albos terminarían quebrando. ¿Cómo se había llegado hasta ahí si los albos peleaban palmo a palmo con uno de los mejores equipos del continente?

Hay muchas cosas que lo explican. Por un lado el interés propio del Menichetti. Ese penal, entre otros muchos factores, terminó sacándolo de la presidencia a fines de ese año, y con ello el regreso de Peter Dragicevic. También el “gastadero” de plata a inicios de 1994, el Año 1 tras la partida de Mirko Jozic a la Roja.  Con la ida del croata, fue Vicente Cantatore el elegido para comenzar con el nuevo Colo Colo. Lo trajeron desde Rosario Central, el club de sus amores, y donde en 1993 había sacado grandes jugadores para el fútbol argentino. La oferta de Colo Colo fue más apetitosa y dejó su ciudad natal para volver a vivir a Santiago de Chile.

Ese 1994 Colo Colo tiró la casa por la ventana. Contrató a gran parte de los mejores jugadores locales del torneo 1993. Ahí llegó Ricardo González desde Unión Española, Marcelo Fracchia desde Temuco, Francisco Rojas de La Serena, Luis Ceballos de O’Higgins, Hugo González de Cobreloa, Rubén Vallejos desde Antofagasta, además del regreso de Aníbal González desde Monterrey de México. El 9 iba a ser Antonio Dos Santos, Toninho, un brasileño de buenas campañas en el América de México, y a punto de firmar en River Plate. También se le hizo contrato profesional a Héctor Tapia, Manuel Neira y Frank Lobos, además de mantener en el plantel a gran parte de las figuras del torneo de 1993 como el Coke Contreras, Pato Yáñez, Vilches, Baena, Juan Castillo, Margas, Ramírez, Mendoza, Rubio, Vega, entre otros. Ese año también tenía que ser el año de la gran promesa de su cantera: Víctor Mella.

El exceso de gastos solo se iba a justificar si es que Colo Colo avanzaba varias rondas en Copa Libertadores. En Primera Fase compitió con Unión Española y con los clubes uruguayos Nacional y Defensor. Los albos fueron líderes en la fase de grupos con 9 puntos, en época donde al vencedor le daban dos unidades. Ganó cuatro partidos y empató uno. A Víctor Mella le daban minutos hasta como lateral, y se hacía famoso por un polémico gol con la mano en el debut ante los hispanos. El DT Cantatore tenía jugadores para usar, guardar y regalar. Era un exceso, también de sueldos.

Cantatore hizo una buena Libertadores, pero dejaba mucho que desear en el plano local, con derrotas ante la U en Copa Chile y el Torneo Nacional, al mismo tiempo  que la Católica de Gorosito y Acosta sacaba ventajas abismales en la Primera Rueda del Torneo. El DT rosarino terminó de dirigir la fase de grupos y se marcharía al Tenerife de España para la temporada 1994-95. Todo marcado por la disputa electoral de Menichetti y Dragicevic, antes “cómplices” del Colo Colo que llegó a ser campeón de América con Menichetti en la presidencia y Dragicevic en la Inmobiliaria Colo Colo, ahora enemigos por el sillón de calle Cienfuegos.

Por Cantatore asumió Eddio Inostroza, exayudante de Jozic y con muchas chances de quedarse con el puesto. Sin embargo esa llave ante Junior de Barranquilla selló su futuro. Se jugaba en octavos de final ante un grande del continente. Tenía en el arco a José María Pazo, figurita en el álbum del Mundial de EEUU. También aparecía Alexis Mendoza, Luis Carlos Perea, Hugo Galeano, el uruguayo Héctor Méndez, luego jugador de Unión Española, además del tridente de Carlos Valderrama, Iván René Valenciano y Miguel Ángel Guerrero, vendido después de esa llave al Bari de Italia. Sería reemplazado en el segundo semestre por Cristián Montecinos de Unión Española. El entrenador era Julio Comesaña, otro que pasó por los hispanos.

Aún así los albos se las arreglaron para igualar 1-1 en el infierno de Barranquilla con golazo de Eduardo Vilches. En la vuelta, esa fría noche del 27 de abril, ganaban 2-0 antes de los 15 minutos con dos goles de Toninho y arbitraje del argentino Javier Castrilli, quien cobró un penal para el segundo tanto del brasileño. Era fiesta entre los 36 mil asistentes en el Monumental. A los 9 minutos del segundo tiempo el defensor Ricardo González ingresó por el conductor Marcelo Fracchia. Había que defender el 2-0. A los 75 minutos el Niche Guerrero pondría el descuento y la ilusión barranquillera. No existía el gol de visita. El 2-2 mandaba a penales, pero Colo Colo no quería llegar hasta ahí. Sería repetir la historia de Vasco Da Gama en 1990. El cambio del Coke Contreras por Marcelo Vega, justo después del 2-1, no sirvió para tener más el balón. A los 85’, cuando Junior jugaba con 10 por expulsión de Alexis Mendoza, el volante Grau pondría el 2-2 y mandaría el partido a penales.

Toninho, Baena y el Coke Contreras marcarían los tres primeros. Eduardo Vilches perdería el suyo, pero el exwanderino Francisco Cassiani haría lo mismo para los colombianos. En el quinto y decisivo Ricardo González se paró frente al balón. Pudo haber sido el Pato Yáñez, el Cheíto Ramírez o Margas, pero fue el Manteca el que levantó la mano antes de hacer la lista. Ahí vino el presagio de Menichetti. “Si lo pierde, vamos a quebrar”. Las cuentas no le daban al timonel colocolino. Se venían pérdidas millonarias por recaudaciones y derechos.

Y se le fue no más a González. Quedaron eliminados y la solución de Menichetti fue seguir gastando. Reemplazó a Inostroza con el cotizado Ignacio Prieto. Trajo de vuelta a Jaime Pizarro y pudieron ganar la Copa Chile, la misma que había sacado a Cantatore de la banca. A fines de ese año Dragicevic ganaría la presidencia y vendría otra época gloriosa de Colo Colo de la mano de Gustavo Benítez. Todo gracias a gastos y sueldos millonarios. Los albos quebraron a inicios del 2002. No sé si habrá sido por el penal del Manteca, pero la historia estaba buena.

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