Jaime Bravo, en el lugar y momento indicado. ¿Y el Zanahoria?


Hace 10 años, en una entrevista a la Revista El Gráfico Chile, Johnny Herrera elegía a su arquero del futuro. Entre tanta danza de porteros por las juveniles de la Roja desde la Era Bielsa, el entonces arquero de la U se inclinaba por su excompañero de Everton Sebastián Pérez. Habían coincidido el 2007-2008 en Viña del Mar. Zanahoria había debutado recién en el Campeonato 2010 jugando ocho partidos, siete de ellos como titular por la lesión de Gustavo Dalsasso y la partida de Cristian Torralbo. El 2011 Pérez se iría a sumar minutos a Melipilla, en la Tercera categoría del fútbol chileno.

Nueve años antes, en el 2001, fue el portero Jaime Bravo quien tuvo una irrupción parecida, pero en Unión Española. La partida de Nelson Cossio por su pelea con el DT Leonardo Véliz, sumado a la suspensión de Alejandro Hoffman y la lesión de Víctor Loyola, obligaron al debut de Sam. Un pequeño arquero, desechado de la UC por «ser muy bajo» y con pasado en la Escuela de Fútbol Barrabases. Siendo el cuarto arquero pudo debutar ese 2001 demostrando cualidades para el fútbol profesional, pese a su 1,76 metros de estatura. En 2002 le tocó ser suplente de Nelson Tapia y Hernán Caputto. En 2003 se fue a Iberia y en 2004 estuvo en Tercera con Curicó. Su revancha en Unión Española iba a ser en 2005.

Tras las estadías de Sergio Vargas en 2003 y José María Buljubasich en 2004 por el arco hispano, el 2005 sería el turno del argentino Ignacio González. Experimentado y regresando de un retiro, al igual que el Tati. Había sido capitán de Racing de Avellaneda, seleccionado argentino y líder de Las Palmas de España. Atajaba y hacía goles de tiro libre. Era carta segura para la Unión de Salvador Calera, que se estaba acostumbrado a sacar grandes arqueros desde el retiro. Jaime Bravo iba a ser el primer suplente, pero iba a estar difícil jugar. Sam tenía que estar atento a los imponderables, como cuando el Nacho dejó de ser nominado en Argentina por un golpe sin balón en un partido ante Bolivia en 1997.

El imponderable en Chile también ocurrió. Fue el 8 de mayo del 2005. Día fatídico para Ignacio González. En un San Felipe – Unión Española en la Quinta Región, el meta trasandino se salió de sus cabales. Salió de su arco para agredir al árbitro Enrique Osses, por lo que fue expulsado y detenido por Carabineros. Le dieron 22 fechas de castigo. Era la hora de Jaime Bravo en una Unión Española de Fernando Díaz que estaba lejos de ser candidata al título.

Y con Nacho González afuera y Jaime Bravo adentro, la Unión empezó a soñar. Con el Coto Sierra en la conducción, con Richard Benítez atrás, con el Torito Jerez comiéndose la banda izquierda, con Joel Reyes y el Coto Ribera,  y con Manuel Neira arriba. Los Rojos llegaron a playoffs y su primer duelo fue ante la Universidad de Chile. Fue 1-2, 1-0 y penales. Ahí Jaime Bravo fue figura atajándole a Cristián Canio, sumado a los desaciertos de Máximo Lucas y Patricio Ormázabal. Sam Bravo ponía a Unión Española en semifinales ante Universidad Católica. Otra vez penales, aunque esta vez no le tocaría atajar, sino que convertir, mientras que el Tati Buljubasich y Jorge Acuña erraban los suyos.

En la final ante Coquimbo también fue clave. Los partidos fueron el 3 y el 9 de julio, es decir, comenzando menos de dos meses después después de lo sucedido con Nacho González. Dos meses, y 10 partidos, en los que Jaime Bravo aprovechó su oportunidad a full y llevó a Unión Española hasta el título del Apertura 2005.

Días más, días menos, tiempo parecido hasta el cierre del libro de pases que hoy tiene Sebastián Zanahoria Pérez para convencer a los dirigentes cruzados de que no necesitan a otro arquero, o a lo más un buen suplente que lo apure, liberando un cupo de extranjero. Así se escriben las grandes historias en el fútbol. Estando en el lugar y momento indicado. A ver cómo se contará la del Zanahoria.

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