Travesaño hijo de un container lleno de prostitutas

 

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¿Por qué? ¿Por qué te cruzaste palo desgraciado? ¿Por qué no lo hiciste el 98 cuando remató Ivica Vastic, palo de mierda? Palo hueón, jamás te voy a olvidar. Tampoco me olvido del 99 cuando paraste el penal de Salas contra Uruguay en la Copa América, palo conchesumadre. ¿Qué digo palo conchesumadre? Debería decir palo reconchesumadre. ¿Por qué no te apareciste ante Manuel Plaza en las olimpiadas de 1928 con un cartel que dijera “El circuito es por allá”? Claro, no querías que Chile tuviera su primer oro olímpico, como tampoco quisiste que por fin le ganáramos a Brasil en un Mundial. Eres un palo de mierda, hijo de la gran puta. Y si no existieras, lo que pondrían en tu lugar serviría para cagarnos la vida. Ni sin palos Chile gana. ¿Gana? ¿Ghana? El mismo que nos cagó en el Mundial Sub 20 de Turquía en el último minutos. Cuando ya no quedaban ni ganas ni fuerzas para levantarnos. Claro, ahí no te cruzaste palo y la reconchesumadre hijo de la gran puta. Como dijo alguien, “ese palo de Pinilla hubiera dolido menos metido en el orto”.
Tampoco apareciste en los JJOO del 2000 para salvarnos en las semifinales ante Camerún. Menos apareciste el 2005 en Colombia cuando ese gol de Luis Gabriel nos dejó fuera de Alemania 2006. Palo de mierda. Esto no es “depresión post palo”, es “depresión post fútbol”, “post ilusión”. En este país, y en cualquier país sin historia que ose ilusionarse, la suerte es la misma. ¿O si no? O si no pregúntenle a México, Argelia, EEUU y hasta Suiza, que también sufrió con un palo culiao ante Argentina.
Palo de mierda, palo hueón, palo conchesumadre, palo hijo de las mil putas. Nos cagaste la vida. Yo no decía garabatos, pero de qué sirve ser correcto. Si al final los que ganan son los que se alían a los palos, a la suerte. ¿Vieron Match Point? ¿Qué dice ahí? Dice esto: Aquel que dijo ‘más vale tener suerte que talento’ conocía la esencia de la vida.  La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas se escapan a nuestro control. En un partido de tenis hay momentos en el que la pelota golpea el borde de la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia adelante y ganas, o no lo hace y pierdes”.
Cuando te llamas Chile, cómo no odiar a los palos, a la suerte, al destino. Si te llamas Cobreloa, te cagas a Unión Ciclista de Perú, pero si vas contra Peñarol, te cagan en el último minuto en una final de Copa Libertadores. Si osas atajarle un penal a Chilavert, líder de una de las mejores selecciones paraguayas de la historia, esperan hasta el último minuto para meterte un cabezazo. Obvio, ahí no juegan los palos.
Palo de Pinilla, palo de Jara, palo de mierda. Nos debes una palo reconchesumadre. Te la vamos a cobrar. Si no es contigo será con tus amiguitos. Con es etal “fútbol” que también nos tiene mala, con ese tal “Fifa” que nos ve con bronca. Con el único que no queremos encontrarnos es con ese tal “destino”. Ese nos tiene de caseros.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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