Raúl Heriberto Aredes, solo once meses para dejar la escoba

 

De los 21 jugadores que dijeron presente en el título de Universidad de Chile de 1994 tras 25 años de espera, solo uno permaneció solo esa temporada en los azules: Raúl Heriberto Aredes (Luis Guarda estuvo algunos meses, pero su suspensión por doping lo alejó de la U). En rigor fue menos de un año, porque llegó en enero y mucho antes de que terminara el año, su contrato con el Monterrey de Arturo Salah, junto con el de Fabián Guevara, ya estaba amarrado.

La Bruja Aredes fue el ángel de la U en esa temporada. Llegó, fue campeón y se fue. A comienzos de año su nombre no sonaba. Las obsesiones de la directiva de René Orozco para reforzar la ofensiva eran Gerardo Manuel Reinoso y Carlos Bufalo Poblete. Finalmente esos puestos fueron para Aredes y Marcelo Salas, quien irrumpió con fuerza gracias a un reglamento de la Copa Chile que obligaba a poner a juveniles en cancha como titulares. Mientras equipos como Concepción sustituían al juvenil Mauricio Aros a los 9 minutos, Marcelo Salas se cansaba de hacer goles, sin importar el rival. Si había que hacerle goles a Colo Colo, mejor todavía. Pero la historia del Matador es otro tema.

Aredes se calzó la 10 azul, ocupando el rol de creador que había dejado otro zurdo: Mariano Puyol. El argentino, ídolo de Atlético Tucumán (1983-1988), y con pasos por Unión de Santa Fe (1989-1990) y Estudiantes de La Plata (1990-1992), llegaba como un desconocido para el fútbol chileno desde Deportivo Cali de Colombia. Claro, los hinchas azules se entusiasmaban con un archiconocido Gerardo Reinoso y de repente recibían a Raúl Aredes. En ese tiempo no había internet para saber que era un zurdo de muy buena técnica, con buen cambio de ritmo y con mucho gol. Youtube no existía como para saber por qué era ídolo en Atlético Tucumán. Había que esperar.

A Aredes no le pesó la camiseta. Dejó en la banca a Víctor Hugo Castañeda, mandó a la defensa al volante Fabián Guevara e hizo dupla en la creación con un joven Esteban Valencia, quien venía desde un préstamo en Osorno. En ofesniva su socio ideal era Marcelo Salas, el Matador que compartió ataque en esa temporada con Juan Carlos Ibáñez, Marcelo Jara, Rodrigo Goldberg y Luis Guarda.

Aredes fue cada vez más relevante en el campeonato que la U peleó palmo a palmo con la UC. Sólo Gorosito, quien había llegado por bastante más dinero que él, le quitó el cetro de mejor volante ofensivo del torneo, aunque tranquilamente podrían haber formado una dupla letal, uno era derecho y el otro zurdo.

En 11 meses de su estadía en el país Aredes se convirtió en campeón con la 10 en la espalda, una camiseta que el 95 le quedaría gigante a Óscar Román Acosta y donde hubo que recurrir a un crack como Leonardo Rodríguez para que volviera a quedar en buenas manos a mediados de 1995. Por ese entonces Aredes era titular en Monterrey, pero con el pasar del tiempo fue perdiendo protagonismo.

A fines de 1996 partió de México, y cuando la U de Roberto Hernández necesitaba un 10 con urgencia, la Bruja terminó jugando en Deportes La Serena que acababa de ascender a Primera División. Su paso por la Cuarta Región no es de los más recordados y ese mismo año ya estaba en San Martín de San Juan. En 1998 volvería a Atlético Tucumán para seguir agigantando su figura y retirarse en 2001 con 36 años. Con esa camiseta jugó en 164 partidos y marcó 41 goles. Luego sería su DT en varias oportunidades.

En la U no jugó tanto, fueron 25 partidos y tres goles en el Torneo Nacional de 1994, pero le bastaron para ser la primera “Bruja” que se le viene a la memoria a los hinchas azules. Para muchos fue el talismán, el angelito que vino a ayudar a un título después de un cuarto de siglo. En poquito tiempo dejó la escoba.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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