Maradona en Chile I: El día que se le plantó a la Garra Blanca

Por allá por 1993 el Futsal entró fuerte en la TV chilena. Organizado por Colo Colo, y en su Teatro, el Monumental, realizó el primer campeonato con varios clubes profesionales del fútbol chileno. Era un torneo donde se mezclaban jugadores profesionales con pocos minutos en sus equipos, juveniles, y algunos refuerzos especialistas en la modalidad. En ese torneo “nacieron” algunos nombres como Alex Whiteley, Mauricio Donoso, Renato Garrido, Freddy Ferragut, entre otros. El Canal 4, La Red, transmitió la competencia, poniendo en pantalla a Claudio Palma, Mauricio Israel, y hasta al colombiano Andrés Salcedo, el de los apodos del fútbol alemán.

Más como entretención que como deporte, el Futsal ganó muchos adeptos. En 1995 la Federación de Fútbol de Chile quería oficialmente organizar las Eliminatorias del Mundial de Futsal 2004 y el máximo evento global en 2008. Para eso necesitaba un buen puntapié inicial. Colo Colo y el Teatro Monumental, nombre intermedio del Caupolicán, seguían a disposición.

El 10 de mayo de 1995 Diego Maradona, junto a varios exseleccionados argentinos, llegaron a Chile para ese puntapié inicial, un partido de Futsal, Fútbol de Salón, Fútbol Sala o Fútbol In Door. Ese misma noche se medirían ante el Colo Colo de Espina, Estay, Marcelo Vega, Manuel Neira, Rogelio Delgado y obviamente Alex Whiteley y Freddy Ferragut. 

Maradona, por su parte, arribó juntó a Hernán Díaz, Jorge Borelli, Ricardo Altamirano, entre otros, y en Chile se reunió con Alberto Acosta y Néstor Gorosito de la UC, además de Claudio Borghi de O’Higgins de Rancagua. El equipo se llamó “Los Pibes de Oro”. El Pipo fue el socio ideal del Diego. Como era de esperar, le entregó la camiseta número 10, y Gorosito se calzó la 5, la misma que usaba en River Plate cuando era un elegante volante de contención al estilo de Andrea Pirlo. Gorosito, Acosta y Maradona la dejaron chiquitita, pero se encontraron con un bravo escollo colocolino.

El Teatro Monumental estaba lleno. El duelo era transmitido por Mega, que incluso había cedido su franja de Meganoticias con Sergio Campos y Susana Hornos para darle espacio a la visita de Maradona a Chile. Eduardo Palacios tendría que entregar toda la información en 00:00 Horas.

El partido se jugó con dientes apretados. Hubo pierna fuerte. Ferragut demostraba que se manejaba en el Fútbol Sala, pero Gorosito y Maradona eran tan buenos que se adaptaban a cualquier superficie. En la caseta, Juan Manuel Ramírez y Héctor Vega Onésime gozaban con lo que veían. Era un gol tras otro, casi todos de gran categoría, muchos de ellos de Maradona.Muchos de ellos de derecha. Era una fiesta.

Fiesta hasta cuando quedaban poco menos de dos minutos. Con el partido 13-13, desde el sector donde estaba la Garra Blanca comenzaron a caer proyectiles a la cancha, muchos de ellos botellas de agua que dejaban resbaladizo el “campo de juego”. Maradona no lo permitió. Se les paró de frente y los encaró. Algunos jugadores de Colo Colo, en defensa de su Barra Brava, trataron de tranquilizarlo. Maradona insistió. No se quería lesionar. Ya estaba trabajando en su vuelta a Boca Juniors tras el castigo post EEUU 1994 once meses antes que lo obligó a ser DT de Mandiyú y Racing Club, de donde ya había renunciado pocos días antes. 

Finalmente fue Maradona quien suspendió el partido por su propia cuenta. Eso mientras su entonces representante Guillermo Coppola puteaba al aire y le decía al árbitro que el partido se suspendía. Los que sí habían ido a ver el espectáculo gritaban “¡Diego, Diego!”, mientras que la Garra Blanca no cesaba en sus ganas de ganar protagonismo como Barra Brava. Terminado el partido Maradona los encaró por la TV: “Todo fue muy bueno, salvó los incidentes que hicieron estos animales, pero la gente del fútbol no es la que está ahí (en ese sector). La gente del fútbol no merece que el partido se termine así, pero cualquiera puede salir lastimado”, dijo el Diego tras regalar su camiseta en el sector contrario al de la Garra Blanca, mientras algunos ya habían saltado la reja para pedírsela dentro del campo de juego. 

Tras ese partido del 10 de mayo de 1995, Acosta y Espina se fueron a la Copa América de Uruguay, mientras que Maradona se unió a Boca Juniors. Con los xeneizes vino a Chile a fines de la temporada 1995 a la celebración del título de Universidad de Chile, ya con varios kilos menos, una huincha dorada en su pelo azul y con una palomita imborrable en el arco de Superman Vargas. Había sido el antes y después de un Maradona que en los 90 le gambeteaba al retiro, como después empezó a hacerlo con la vida. Fueron varios partidos los que le ganó al destino.