El Ferrari de Vidal y el “culiao” de Medel

 

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Elegidos. Tocados. Bendecidos. Ser parte de la elite del fútbol chileno te permite ser la excepción de todas las reglas que nos imponen en las casas desde chicos y que luego nos exige la sociedad. A garabato limpio, pisando jugadores e inventando palabras Gary Medel ha aumentado el cariño y la popularidad que se ha ganado siendo un gran jugador de fútbol. Está muy ligado a la UC, pero es por lejos el jugador más querido de la Roja. Colocolinos y azules cambiarían a varios de sus ídolos (ídolos, ídolos) por sumar a Medel al grupo de su escogidos. Atrás quedaron sus choques y una muerte originada en su departamento. Salió de una pelea campal en una discoteque con su ya histórico “qué sucede”. Hace algunos meses pisó a Neymar, se salvó jabonado y luego subió la foto de sus estoperoles en la espalda del brasileño. Perdonado por su “chispeza”. Elegido, tocado, bendecido. Siempre parte de cero sin importar la cagada que se mandó. Cualquier otro tendría que cargar con ese karma por meses, años, décadas, hasta la tumba. No criticamos las faltas reiteradas de Medel. Envidiamos el fuero que se ganó en la cancha, pero que muy pocos aprovechan para bien y lo usan para “llevárselas pelos”.  No sé si podría escribir una columna si se me cayó alguien de la ventana de mi departamento. No tengo a 60 mil personas cantándome y dejándome como ídolo por llamar a “los culiaos” a saludar al público. El hombre tiene con qué levantarse.

Vidal es otro caso. Se le agradece todo lo hecho por Chile, antes y en esta Copa. Es el goleador del torneo, pero acaba de chocar un Ferrari de millones y millones de dólares. Esta columna no critica que haya partido en su tarde libre a jugar al casino a pocas horas definir un grupo de una Copa que él mismo se impuso obtener. Es cosa de él qué decide hacer en su tiempo libre. Perfectamente alguien hubiera elegido emborracharse en un bar afuera de Juan Pinto Durán y llegar una hora antes al claustro. Eso es mucho más grave que chocar tras estar toda la tarde con su familia. Ojo, no criticamos el choque, menos sin saber la cantidad de alcohol en la sangre. Envidiamos el estatus de Vidal de poder hacer mierda un auto carísimo y no tener de qué preocuparse por dinero o por contratos. La gente pide que pase luego el “trámite” del control de detención para que pueda jugar el viernes. Mañana ya tendrá un auto del mismo precio afuera de su casa. Yo,  por un foco quemado, miro la billetera y no puedo dormir en días. Ni hablar una raya en la puerta del chofer. Elegido, tocado, bendecido.

Y así con Vidal, Medel, Herrera, Sánchez, que chocó en España, Valdivia, que tiene del año que le pidan, o Aránguiz que se da el lujo de quedarse dormido y no ir a jugar por la selección. No es rabia, es envidia. Esta columna nace de la envidia. De la envidia de correr en camino paralelo de los elegidos, escogidos, bendecidos. Preocupado de no mandarme una cagada para no perder plata, tiempo y hasta la pega. Las minas, la plata y los autos se las envidio a veces. El fuero lo envidio siempre.

Los dejo, tengo que ir a pagar un parte, mudar a los cabros chicos, planchar algo de ropa y revisar bien un correo que tengo que mandarle un jefe. Si escribo “culiao” o “chispeza” me echa cagando y no me contratan nunca más en ningún lado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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