Cuando lo tuvimos todo



En 1993 terminaban las eliminatorias sudamericanas rumbo a EEUU 1994 y para Chile era como pasar el examen de grado. Por fin se sacaban una pesada mochila que se cargaba desde el Maracanazo de 1989. Castigados, desterrados. Se terminaba la suspensión impuesta por la FIFA y en 1994 comenzábamos de cero, salvo Brasil, Argentina, Colombia y Bolivia, quienes iban al Mundial.

El 11 de noviembre de 1993 iniciaba oficialmente el “Plan Francia 1998”. Darío Calderón, vicepresidente de la ANFP, confirmaba al croata Mirko Jozic como nuevo DT de la Roja. La dirigencia de Ricardo Abumohor había conseguido la mejor opción posible. El DT venía de ganar la Libertadores, la Recopa Sudamericana, la Interamericana, el título nacional de 1991 y estaba a semanas de conseguir el de 1993, ya en enero de 1994.

La historia de Jozic es más que sabida. Mentor de la generación dorada de Yugoslavia en el Mundial Juvenil de 1987, que terminaría con un gran mundial de Croacia en 1998, además de un montón de títulos individuales y colectivos de sus jugadores esparcidos por los grandes clubes europeos. A fines de los 80 pasó a las series menores de Colo Colo y a mediados de 1990 al primer equipo albo en reemplazo de Arturo Salah, mismo DT al que vendría a suceder en la Roja, con la excepción que en el segundo semestre de 1993 la selección chilena debía cumplir un amistoso en España, y Nelson Acosta decidió dirigir solo ese encuentro. Pensaba que se le allanaría el camino a la Roja, pero siempre el favorito de la ANFP, y de todos, fue Jozic. Acosta debió esperar hasta 1996.

En febrero de 1994 el croata comenzó a trabajar en Pinto Durán. Lo teníamos todo. Al mejor DT, la motivación, a Iván Zamorano jugando en España, a varios de Colo Colo 1991 que aún volaban, a los de la UC subcampeona de América de 1993, Estay en Europa, a Pizarro en Argentinos Juniors. Semanas más tarde a Marcelo Salas, a una U bicampeona en formación y a la Unión rompiéndola en la Copa Libertadores. De ahí sacaría a los punteros que necesitaría rumbo a Francia 1998: Sánchez y Ruiz debían ser los herederos de los ya veteranos Rubio y Yáñez. Barticciotto se había ido un año antes a México y ya no tendría la nacionalización.

Jozic era un DT creíble, tanto para los jugadores como para sus colegas. Ignacio Prieto, el último vicecampeón de América con la UC, había quedado sin club y aceptó a ojos cerrados la invitación del croata a sumarse a su staff. El camino al mundial galo comenzaba con un campeón y un vicecampeón de América de los últimos tres años a la cabeza del plan. ¿Lo único malo? Jozic se había separado de su ayudante Eddio Inostroza. El nexo clave entre él y los jugadores en todo el proceso albo. Su confidente, su traductor, y hasta su sicólogo. Yeyo había preferido quedarse en Colo Colo.

Pero hasta ahí parecía lo de menos. Jozic comenzaría a trabajar con mira a tres amistosos a fines de marzo. Uno ante Francia el día 22, y dos ante Arabia Saudita, el 27 (2-0) y el 30 (2-2). Para el primero, en París, Fabián Estay desde Grecia y el capitán Zamorano dirían presente. El 9 anotaría el gol chileno en el 1-3 en contra. Bam Bam estaba con Jozic, igual que una decena de nombres nuevos que debían ser la base para la clasificatoria. 

Jozic, obsesionado con los stoppers, vería en cancha a Wilson Rojas, Carlos Fuentes, Pedro Jaque, Miguel Ardiman, Pedro Reyes, Miguel Rojas, Juan Carlos González, Daniel López, Ricardo Rojas, además de los habituales Miguel Ramírez y Javier Margas. Para líbero quería a Eduardo Vilches y Ronald Fuentes. Lo curioso es que a Vilches solo lo llamó cuando se jugó en EEUU por su cercanía con su club, el Necaxa de México. A Jaime Pizarro, por ejemplo, jamás los nominó. Los conocía tanto que los dejó que jugaran y jugaran en sus clubes en el extranjero. Los quería tener, eso sí, para la Copa América de Uruguay 1995 y luego, obviamente, para las eliminatorias.

Con Jozic además sumarían muchos minutos los cruzados Tapia, Toledo, Tupper, Lepe, Barrera, Tudor y Parraguez, además de los azules Castañeda, Guevara, Musrri, Valencia y Salas. Desde Colo Colo, el Rambo, Mendoza y Vega, más el Coto Sierra y Carreño de Unión. ¿Otros nombres? Aníbal Pinto, Wilson Contreras, Miguel Latín y los loínos Juan Silva, Marcelo Álvarez y Pedro González.

Tras la gira, un amistoso en EEUU (2-0) donde regresaría el Pato Yáñez a la Roja. Luego, en mayo, un 3-3 ante Argentina, en la despedida del equipo de Maradona antes del Mundial, con partidazo de Sierra y Barrera, más el debut en la cancha y en las redes de Marcelo Salas. Por lejos, la mejor presentación del equipo de Jozic, y la que más le motivó también. Luego de ese empate, una semana después, triunfo 2-1 ante Perú.

Tras el receso mundialero ya nada sería igual. Ignacio Prieto había dejado la Roja para ir a Colo Colo y el croata comenzaba a sufrir con la idiosincracia chilena. La prensa ya no lo quería como antes y le criticaba algunas nominaciones, también su método. Publicaba sobre su supuesto desgano. Lo que pasa es que, según fuentes de la época, “él se había chilenizado”. Había bajado los estándares y ya no exigía lo mismo. En la selección no podía pedirle el 100% a jugadores que estaban peleando cosas importantes con sus equipos. También le faltaba Eddio Inostroza, cercanía con los jugadores. Los que venían de Colo Colo también traían desgaste.

Quedaban dos partidos para terminar el año. Todo cuesta abajo, de mal en peor. Derrota 1-2 con Bolivia en el Nacional en septiembre y un 0-3 ante la Argentina de Marcelo Espina, equipo que debutaba de la mano de Passarella, pero que le pasaba por encima a un equipo que llevaba un año de trabajo.

Esa derrota en noviembre sería el fin. Jozic ya no tenía la cabeza en Chile, había perdido la motivación. En sus tierras, la guerra que llevaría a la desintegración definitiva de Yugoslavia le daba vueltas en la cabeza más que elegir entre Tupper o Guevara, entre Sierra o Estay, entre Toledo o Ramírez. 

Cuando Jozic llegó a la Roja, él quería estar. Había decidido ganar exactamente lo mismo que en Colo Colo porque lo más importante era su motivación por estar ahí, con el buzo de un país que tanto le había entregado. Pero a fin de año Jozic no quería estar más, y no estuvo. Se fue a su país y no volvió hasta 2005 para ser gerente deportivo del nuevo Colo Colo de Blanco y Negro. Ahí se fue rapidito por la culpa de los dirigentes. La idiosincracia de los dirigentes chilenos, otra vez.