Adultez de mierda, me cagaste con los Sudamericano Sub 20

 

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Enero del 2005. Casa en la Playa. Cinco amigos veinteañeros, cuál de todos más necesitado de minas, viendo el Sudamericano Sub 20. Era el equipo del Mati Fernández, Chapita Fuenzalida, Fernando Meneses, Juan Gonzalo Lorca, Nicolás Canales y otros tantos próceres del fútbol chileno. Estábamos en el living, echados en los sillones, viendo un TV blanco y negro que se cambiaba con alicate. A la playa se iba a carretear, no a ver tele. Nos importaba un pucho si era una plasma HD, de los que estaban apareciendo por esos días, o si era el IRT a que teníamos. Pero ahí estábamos. Pegados a la pantalla de 12 pulgadas viendo al equipo de José Sulantay al mismo tiempo que él gritaba “no te le tirí”.
No estábamos bebiendo nada. Eran las 7 de la tarde, pero la caña seguía del día anterior. El quinteto había ido a la disco, a cazar, pero la cosecha de mujeres se había acabado.

En medio del partido, dos amigas, jóvenes y guapas, y que habíamos invitado varias veces, nos llaman para avisarnos que estaban en la playa y se quedarían en nuestra casa. Era todo lo que buscamos por seis horas y ocho roncolas la noche anterior, pero esta vez sin moverse del escritorio. La cara de alegría fue espontánea en los 5 rostros, y hasta comenzamos a tomar. Había que celebrar. La alegría se acabó cuando entendimos que debíamos ir a buscarlas al terminal. Era fácil media hora en ir y volver. Sumando y restando, dos tercios del segundo tiempo de la rojita que capitaneaba Gonzalo Jara. Lo echamos a la suerte y los perdedores tuvieron que ir a buscar a dos niñas guapas que se quedarían en nuestra casa por varios días. Días a los que había que restarle dos horas, de 7 a 9, cuando jugara Chile.

Era el séptimo sudamericano que veíamos el quinteto de esa casa, el primero que lo hacíamos juntos y en edad de carrete. Desde 95, con Carlos Barraza y Rozental como figuras; el 97 en Chile donde no pudo el Palillo Riquelme, Olarra, Danilo Miranda y compañía; el 99 cuando no se complementaron Mirosevic, Pizarro, Córdova y Gamadiel; el 2001 que fuimos al Mundial gracias a Mario Salgado; el fiasco del 2003 con Pinilla, Jiménez, Mark González, Edu Rubio, Luis Pedro Figueroa y Valdivia, hasta llegar al 2005. Siempre fuimos niños o jóvenes, con tiempo, con mucho tiempo. Con plata, con poca plata. Suficiente para irnos ese 2005 a la playa y tener como panorama ver el Sub 20 antes de bañarse y carretear. Es que los Sudamericanos, hace muchos años atrás, para los que hoy andamos por los 30, eran un panorama. Enero y febrero eran días de descanso, donde el lunes y el domingo eran lo mismo, donde la rutina no variaba mucho y no habían preocupaciones más allá de encantarnos con el desconocido David Pizarro o creer que Nico Medina llegaría muy lejos.

La adultez, el trabajo, las responsabilidades, nos quitaron esa parte de nuestra vida. Hoy vemos los Sub 20 cuando podemos, cuando no nos toca trabajar o cuidar a nuestros hijos. Con suerte sabemos las nóminas.
La adultez nos quitó muchas cosas. Nos da plata, pero nos quita tiempo y energía. A los futboleros nos quitó los sudamericanos sub 20. Esos que se veían esperando volver luego al colegio para ver a la niña que te gustaba o en medio de la toma de ramos para la U. Esas eran las únicas preocupaciones. Lo demás importaba menos que hacer público que pasó después con las niñas que fueron ese verano a nuestra casa de veraneo. Yo le hice caso a “Don Sula”: ¡No te le tirí!

PD: Tenía un amigo que le encantaba contradecir al DT.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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