A 20 años del gol de Salas a la UC: El gol que nunca quise ver

 

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Tengo 28 años, aunque si conozco en una disco a una chiquilla que está recién pasando los 20 años, puedo decir que tengo 25. Al revés, si voy a algo más formal y conozco a una interesante señora de 30, podría igualarme la edad.

Hace 20 años tenía 8, no es muy difícil sacar la cuenta. Hace 20 años Universidad Católica y Universidad de Chile peleaban punto a punto por el título del torneo 1994.

En la fecha 27, de un total de 30, la Católica de Pellegrini y la U de Socías jugaban la final anticipada. Llegaban igualados en puntajes y el partido en el Nacional definía el 90% del torneo.

En ese tiempo, para incentivar que el público fuera al estadio, la TV, abierta y por cable, no daba partidos jugados en Santiago. Aún así, yo sabía que ese 4 de diciembre la señal de Megavisión se iba a interrumpir e iban a dar el partido. El estadio estaba completamente vendido y ya no valía la pena seguir incentivando a nadie más para que fuera.  El sábado y domingo tuve que ver toda la programación de Megavisión para saber si aparecía el anuncio del partido. El Chavo del 8 lo vi con ganas, no así Nubeluz, Carrusel y Siempre en Domingo con Raúl Velasco, que lo daban los sábado. No apareció ni un puto anuncio, pero a la media tarde del domingo la voz de Milton Millas interrumpió todo. Creo que fue uno de los primeros clásicos a estadio lleno que vi por TV.

El partido se dio parejo, incluso el Beto Acosta casi los vacuna de globito, a no ser por una salvada en la línea de Castañeda y Delgado como los hermanos Korioto. Todo bien hasta que el árbitro Carlos Robles Mella pasó a la lista de los más odiados de mi vida, y la de varios cruzados. Primero expulsó a Néstor Gorosito por una falta que no era ni para amarilla y luego validó un gol offside de Salas, inhabilitado desde que le peinaron el balón antes que llegara a su pies. No lo podía creer. Era la primera vez que quise llorar por fútbol, pero me quedaba el consuelo que a la U le tocaban partidos con rivales fáciles, pero en canchas complicadas: Talca y El Salvador.

El gol de Salas fue el gol que nunca quise ver. Dicen que el fútbol tiene revanchas, pero aunque le ganemos 20 finales seguidas a la U, todavía me voy a acordar de la del 94, la de Gorosito y Acosta, ¿te acordai?

Después del partido fue todo frustración. Alguien llamó a mi teléfono de casa (no recuerdo si era Álamo o Alerce) y me pegó un grito. ¡¡Ganamos!!, dijo al otro lado del teléfono. Menos mal que respondí yo y no mi abuela, si no, quedaba más sorda de lo que era. Yo sé que fue el Sebastián Pino, el compañero más chuncho del curso. Ya de viejo me lo encontré y le pregunté. No me negó que fue él, simplemente me dijo que no se acordaba. A él ya se le había olvidado, a mí no. Fue el año de Gorosito y Acosta, ¿te acordai?

Después la U fue campeón, otra vez ayudada por un árbitro. Fue en El Salvador cuando Salvador Imperatore le cobró falta a Juan Rivera sobre Marcelo Salas y Patricio Mardones lo convirtió en el título. Pocos días después fue el Día de los Inocentes y el diario La Cuarta tituló con que Católica ganaría el título por las trucherías de la U. Me volvió el alma al cuerpo, pero después me salieron con la lesera del Herodes y el Pilatos y bla bla bla.

Han pasado 20 años de eso. Yo tengo 28, pero si veo a una chiquilla linda en una disco que recién supera los 20, podría decirle fue tengo 25. Si tuviera esa edad ni cagando me acordaría del gol que nunca quise ver.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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